dimecres, 23 de desembre de 2009

Entrevista a Richard Sennet

"El capitalismo se ha hecho hostil a la vida"

El sociólogo estadounidense habla de su última obra, 'El artesano', basad en una conversación con su profesora Hannah Arendt

JUSTO BARRANCO | Barcelona | 23/12/2009 | La Vanguardia | Cultura

EL PERFIL

Del violonchelo a la sociología
Su padre fue voluntario de la Brigada Lincoln en la guerra civil española y además tradujo poesía popular catalana y autores como Unamuno. "No es el filósofo que yo hubiera elegido, pero…", bromea Richard Sennett (Chicago, 1943) sentado en el archivo del CCCB. Su padre regresaría a España poco después de nacer Richard y él crecería con su madre en un suburbio de Chicago, vivienda pública para familias pobres, sobre todo negras, en el que imperaba la ley del más fuerte, pero en el que aun así creció dentro de una cierta bohemia intelectual izquierdista. Iba para violonchelista hasta que una enfermedad en la mano le apartó de la música. Y acabó en la sociología, donde se ha convertido en una figura internacional gracias a obras como El declive del hombre público o La corrosión del carácter, en las que ha examinado desde la permanencia oculta de las clases sociales en la sociedad opulenta a los efectos del sistema económico en la narración de nuestra vida. Fundador del New York Institute for Humanities, actualmente es profesor de la London School of Economics.


El capitalismo financiero ha cambiado el mundo. Y no para mejor, opina el sociólogo Richard Sennett. La aversión al largo plazo de este capitalismo ha sido uno de los factores que han originado la crisis actual y que ha cambiado radicalmente nuestras vidas en las últimas décadas. Sennett estuvo el lunes en Barcelona para hablar en el CCCB de su último libro traducido en España, El artesano (Anagrama), que parte de una vieja conversación con su profesora Hannah Arendt, la autora de La condición humana, en la que ella separaba la producción física, en la que seríamos poco más que bestias de carga, de la creación mental. Para Arendt, la mente entra en funcionamiento una vez terminado el trabajo. Para Sennett, en el proceso de producción del artesano –todo aquel que desea realizar una tarea bien hecha, y que incluye no sólo la producción manual, sino también a programadores, médicos, artistas o padres– están integrados el pensar y el sentir. La mano y la cabeza no están separadas, aunque nuestra sociedad sólo valore una.

¿Por qué la relación entre la mano y la cabeza es básica?

Nuestra potencia mental se desarrolló a través de las manos, de la manipulación de cosas. Hoy pensamos en las actividades materiales como cosas estúpidas, percibimos nuestros cerebros como una maquinaria autosuficiente. Es erróneo. Hay un proceso abierto entre mejorar las capacidades físicas y el pensamiento, una relación estrecha entre la mano, la cabeza y el corazón. Pensamos un diseño y creemos que esa imagen mental puede proyectarse al mundo. Una política malísima: no aprendemos de la práctica.

Parece aquella vieja división filosófica entre alma y cuerpo.

No es la filosofía sólo, la política también. El capitalismo ha alentado esta división. En las últimas décadas los bancos han negociado con abstracciones, teorizan sobre los valores y pierden el contacto con lo que es una fábrica, una tienda. Muchos compran y venden empresas que no entienden. Ni lo necesitan, porque compran su valor monetizado. Y no hay posibilidad, artesanía, de hacer que la empresa sea buena o mala, no hay conocimiento. Compran una empresa de colchones y la venden a otra pero con más deuda, esta hace lo mismo. La empresa cada vez tiene menos capital y tiende a la quiebra. Le pregunté a uno de los compradores: ¿Has visto cómo se fabrica un colchón? Me dijo que para qué, si sólo iba a ser propietario tres meses. Así se desarrolla ahora la economía capitalista, se desprecia la praxis, las manos en la masa, no saben qué hacer porque de hecho nunca han gestionado nada.

¿Es la explotación actual?

Sí, la dominación de las finanzas sobre la economía real. Las finanzas son una operativa abstracta. Siempre pensamos que el capitalismo es hostil a la artesanía porque discapacita al artista, pero es más sofisticado: no está implicado en la práctica. Teoriza. Por ejemplo, con la deuda. Es una de las razones de la crisis actual.

¿Y las otras?
Otra es la forma del tiempo en el capitalismo hoy: todo es a corto plazo. La economía global se reorienta al comercio del precio de las acciones más que a sus beneficios finales. La noción de gestionar una empresa para tener beneficios a largo plazo ha desaparecido. Puedes ganar dinero con empresas que están perdiendo. De manera que cuando llegas a una economía como esta no tienes ningún interés en lograr que la economía real funcione.

¿Qué piensa el autor de La corrosión del carácter de la alarma por la alta tasa de suicidios en empresas como Renault o France Télécom?
En mi equipo estamos estudiando el desempleo a largo plazo en Wall Street y encontrando cosas muy similares. Alcohólicos y suicidios no sólo entre los que pierden el trabajo sino entre los que se quedan, que están tan estresados porque para conservar el puesto de trabajo tienen que hacer cada vez más. El capitalismo en los últimos veinte años se ha hecho completamente hostil a la construcción de la vida. En el antiguo capitalismo corporativo de mediados del siglo XX podías sufrir injusticias pero construirte la vida. En los últimos 20 años se ha convertido en algo inhumano y la izquierda tan contenta de ser hombres prácticos que pueden hablar con los banqueros. De hecho, el primer movimiento en la crisis ha sido ayudar a los bancos. En Inglaterra se compraron cuatro y aun así se decidió no interferir en lo que hicieran.

¿Cuál es su alternativa?
No podemos volver al antiguo capitalismo. La izquierda debe reflexionar sobre cómo hacer crecer empresas que realmente permanezcan. Empresas de tamaño pequeño como las del norte de Italia y sur de Alemania, con trabajos muy especializados. No fabrican en masa y trabajan más a largo plazo, desde la formación de los trabajadores a sus relaciones de exportación. Un trabajo artesanal, que puede ser muy avanzado, como pantallas de enorme definición para operaciones quirúrgicas.

El artesano es el inicio de una trilogía de despedida.

Quería unir las preocupaciones básicas de mi obra, la relación entre lo material y lo social, lo concreto y lo abstracto. Luego me dedicaré al violoncelo, he recuperado la posibilidad de tocarlo, pero sólo me quedan diez años en la mano. Por cierto: todos los músicos son artesanos, saben que no existe una idea musical sin base física. El segundo libro estará dedicado a la relación entre lo material y lo social: la confianza, el respeto, la cooperación, la autoridad, la artesanía de las relaciones sociales. Y el tercero, a nuestra relación con el medio ambiente.

Usted rechaza lo que implica la idea de sostenibilidad.

Porque no somos propietarios de la naturaleza. Sostenibilidad significa mantener las cosas como están. Es una metáfora errónea. Podemos funcionar con mucho menos. Menos tráfico, menos carbono. Distintos tipos de edificio. Debemos cambiar la noción de la modernidad de que el ser humano siempre dominaría la naturaleza. Produce autodestrucción. Copenhague ha sido terrible, especialmente los chinos, que cinco días antes decían verde verde, y luego que no, que no quieren que nadie interfiera con ellos ni conozcan su tecnología. Aterrador. Y los europeos, fuera de juego.

dijous, 17 de desembre de 2009

UB Raval, servicios, media tarde

Tengo caquita. Mierda, hay alguien. Bien, espero. Pipiripipí... Joer, si que tarda. Dicen que el tiempo es relativo, que depende de a qué lado de la puerta del váter estés. Me parece una verdad como una casa. Oh, bien, ya termina. Pipopí... ¡Je! ¿Por qué sale deprisa con la cabeza baja? Todos los hombres lo hacemos cuando nos cruzamos en los servicios. Es como si pensásemos "oh mierda, nos han pillado con los pantalones bajados". Bueno, en fin, yo a lo mío. ¡Buah, nen! ¡Que peste! No me estraña que saliera avergonzado... A soportarlo. Yo a lo mío... ¡Uy! Entra alguien. A ver si quiere sentarse... ¡Uy! siempre me da un susto cuando intentan abrir la puerta aunque me haya asegurado que está bien cerrada. Bueno, a esperar, chico. Ahora es a mi a quien el tiempo le va más des pa ci to. Ostia, ahora éste se pensará que yo soy el causante de esta peste. Y yo no tengo los intestinos generosos. Que no soy yo. Ostia, ¿Cómo se lo digo? Pararse y decirle "hola, mira, el váter apesta pero yo no he sido" no es plan. No cuela. Mierda. La he bien cagado. Un chico formal como yo, pillado de esta forma. Y si le hago una mirada de advertencia, en plan: "chico, vigila: huele mal". Hmm no, será a un peor. Seria como reconocer que he sido yo. Y yo no he sido. Mecawen Dios. Papel. ¿A Kant no le olía mal su mierda? ¿O había conseguido convencer a su aparato digestivo que el imperativo categórico sobre la mierda exige que no huela mal porqué si toda la mierda oliera mal seria universalmente inmoral? Bueno, ya estoy. Cadena... Adiós cositas. Siempre me ha maravillado este invento. Canzoncillos, pantalones... Bueno, total, que lo mejor será que abra la puerta y salga corriendo, mirando hacia abajo. Una, dos y.

dimarts, 15 de desembre de 2009

Nabokov

-Me ha parecido entender que no aprecia a Freud.

-No es exacto. Aprecio mucho a Freud como autor cómico. Las explicaciones que da sobre las emociones de sus pacientes y sus sueños son de un burlesco increíble, pero hay que leerlo en la lengua original. No entiendo cómo se le puede tomar en serio. No hablemos más de eso.

-Los escritores políticos tampoco son sus autores de cabecera.

-Muchas veces me preguntan quién me gusta y quién no, entre los novelistas, comprometidos o no, de mi siglo maravilloso. Primero, no aprecio al escritor que no ve las maravillas de este siglo, las pequeñas cosas, la ropa masculina informal, el cuarto de baño que substituye al lavabo inmundo. Las grandes cosas como la sublime libertad de pensamiento en nuestro doble occidente. ¡Y la luna! Recuerdo con qué escalofrío delicioso, envidia y angustia, miraba yo en la televisión los primeros pasos flotantes del hombre sobre el talco de nuestro satélite y cómo despreciaba a quienes decían que no valí la pena gastar tantos dólares para pisar el polvo de un mundo muerto. Detesto pues a los divulgadores comprometidos, a los escritores sin misterio, a los infelices que se alimentan con los elixires del charlatán vienés. Aquellos que aprecio saben que sólo el verbo es el valor real de la obra maestra. Principio tan viejo como verdadero, y eso no ocurre a menudo. No es preciso dar nombres, nos reconocemos por un lenguaje de signos, a través de los signos del lenguaje, o bien, al contrario, todo nos irrita en el estilo de un contemporáneo detestable, incluso sus puntos suspensivos.

-Me han dicho que no le gusta Faulkner. Cuesta creerlo.

-¡No! No soporto la literatura regional, el folklore artificial.

Fragment de l'entrevista de Bernard Pivot a Vladimir Nabokov